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Un libro es un compañero, un antídoto contra el tedio y la soledad, una puerta abierta a nuevos universos, aventuras e historias de todo tipo. Este es un club para los que amamos leer, en él podremos recomendar lecturas y tambien criticarlas.

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jueves, 13 de noviembre de 2014

II Concurso Microrrelatos 2014 (1)

“La llamada” de José V. Bau

Tacha tachan

―¿Sí? ―descolgué el móvil.

―Lo fuiste todo para mí. Ahora lo es mi hijo. No debiste obligarme ―dijo y colgó.

«Mujer se suicida arrojándose al tren el día después de recibir el alta de la clínica donde abortó», publicaba al día siguiente el ABC como si fuese su esquela.



“Pesadilla” de Sandra Duky

Se oye un grito que ensombreció la sombra, soy yo o es otra persona, no lo se, tropezando en las tinieblas, corría sin mirar atrás, los fantasmas me persiguen, no hay huida, recuerdo el dolor cuando la muerte se lo llevó, ahora me persigue sin descanso, desde las sombras me llamaba, no quería que me llevará a las sombras, su olor a muerte me angustia, oh no, la voz del miedo se alza en el camino y visita mis sueños, eran las sombras de la muerte, grito, tropiezo, es el dolor de la muerte de un amigo, caigo sin parar, no hay fondo, no hay luz, y apenas cerca me sintió, fue mi dueño, dolor, lágrimas, morir quisiera, el corazón llora sangre, todo gira, se fue y no volverá, muero poco a poco, lo oigo a lo lejos, siento su presencia, no es real, las lágrimas no cesan, acabo.


“Ocaso” de Yolanda García

Contemplaba las tranquilas aguas del lago y cómo el sol, que expiraba sus últimos rayos, se escondía tras las montañas. Era agradable observar cómo las ocres hojas de los árboles se mecían con la suave brisa del otoño. Suspiró, había tenido una hermosa vida, apacible y tranquila.

Le reconfortó que Tobías estuviera a su lado, sobre el apoyabrazos del sillón, sabía que permanecería en el mismo lugar cuando la luz de la luna besara la superficie del agua, y el firmamento se plagara de estrellas. Habían pasado juntos los últimos quince años, apretó su cuerpo contra el suyo y ella revolvió con cariño su pelo, en un gesto cómplice y cotidiano, mientras él se acercaba a su rostro, surcado por el paso del tiempo y rozaba con su nariz la mejilla, pudo observar la devoción y el amor infinito en sus ojos.

Bajó del sillón y lanzó un alegre ladrido.


“My hearts belongs to daddy” de Roser A Ochoa

La sangre resbalaba por sus manos, no podía creerlo, lo había hecho, llevaba meses planeándolo y por fin encontró el momento, pero sobre todo el coraje y valentía que le habían faltado en anteriores ocasiones. Olivia sonreía satisfecha comprobando, al no localizar su pulso, que realmente estaba MUERTO. Descabalgó de su cintura y se subió rápidamente las bragas.

No más humillaciones, ni vejaciones, ya no tendría que soportar el hedor de su aliento al besarle, ese olor a alcohol que le revolvía las tripas, y le hacía sentir nauseas.

Olivia miró el cuerpo sin vida de su padre, fue al baño y se limpió sangre... Se miró al espejo y se sintió poderosa. De un plumazo retomó el control de su vida, volvía a tener las riendas. Sólo unos segundos, el tiempo de alzar los brazos con el cuchillo y clavarlo de forma certera en el corazón de ese hombre, y recuperó su vida, que tenía prácticamente olvidada.


“Relato fóbico” de Luis Manuel Cano Domínguez

Miguel estaba pálido, lívido por un terror de muerte. Luce patético y se mueve como sonámbulo desde que supo de ese viaje trasatlántico a la península ibérica para asistir al funeral de una muerte trágica.

Ahora, junto a esa ventanilla, ha logrado juntar sus fuerzas últimas para enfrentar el pánico: el atávico miedo a volar.

No le teme al ridículo o a verse estúpido, le enferma pensar en turbulencias y en sacudidas pero en lo íntimo, sabe que ésta es su única posibilidad de éxito aunque, un poco más lúcido, se pregunta cómo va a iniciar su simulacro y entrar a la máquina lavadora.


“El vampiro” de Carolina Romero 

-Me estás asustando- balbuceó. La frase logró romper la barrera de su conciencia. La miró a los ojos, vio el horror que sentía, y su propio reflejo: los ojos totalmente negros, los labios retraídos sobre unos dientes blanquísimos de los cuales sobresalían dos colmillos afilados como navajas. La imagen lo aterró y se puso serio, asustado. -Lo siento- murmuró, las palabras trabadas en los colmillos. Los sintió retraerse-. Lo siento- dio un paso hacia atrás y se volvió, asustado de sí mismo, temiendo hacerle daño a la joven, y corrió a toda velocidad, lejos de ella y de sus ojos. Varias cuadras más tarde, el llanto aterrado de la única chica a la que había amado de verdad lo perseguía sin cesar, atormentándolo, asustándolo, haciéndole saber que era un monstruo asesino, y que jamás encajaría en el mundo como un humano más, porque no lo era. Jamás lo sería.


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prekes namams